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Aprende todo sobre Harold Alexander, su historia y más

Harold Alexander fue un militar y político británico que alcanzó el grado de mariscal de campo a temprana edad. Se desempeñó como secretario de Defensa de Winston Churchill y dado su refinamiento fue catalogado por los periódicos de la época como «Un Caballero de Uniforme».

Harold Alexander

Biografía

Harold Rupert Leofric George Alexander, vio la luz en 1891, un 10 de diciembre en el condado de Tyrone, Irlanda del Norte,  falleciendo en la población de Slough, en las cercanías de Londres, en 1969, un 16 de junio a los 77 años.

Familia

Su familia formaba de clase social de la nobleza latifundista de credo protestante de Irlanda, agrupación social que se erigía como un semillero de milicianos al servicio de la Corona Inglesa. Fue el tercer hijo de sus padres, James Alexander, IV conde de Caledon y de Lady Elizabeth Graham-Toler, condesa de Caledon.

Se instruyó en la Harrow School y a posteriori en la Real Academia de Sandhurst, de donde se graduó en 1910 con rumbo al Regimiento de la Guardia irlandesa (Irish Guards), siendo designado subteniente el 23 de septiembre de 1911.

Libros

Harold Alexander, era un escritor nato, sus ratos de ocio los pasaba entre la lectura y la escritura. Dedicándose así a su libro personal. Redactó el libro “Las Memorias de Alexander, 1940-1945”, en el año 1962.

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En el Frente con Harold Alexander

Prosiguiendo la costumbre militar familiar, a los veinte años se enroló en la caballería de un destacamento de la Guardia Irlandesa. Su prueba de fuego la realizó algunos años luego, en 1914, interviniendo en la batalla de Ypres, un campo de batalla francés, siendo apenas un oficial del Cuerpo Expedicionario Británico.

Tras su primera experiencia bélica, el teniente Alexander prontamente tuvo ocasión de manifestar sus distinguidas aptitudes militares y su capacidad para el mando. A partir de ese instante comenzó una trayectoria rauda y deslumbrante. A sus 43 años se constituyó en el general de mayor juventud de Inglaterra: general de brigada a sus 43 años, y de división al cumplir 47.

Lo mismo ocurrió con quienes serían sus más grandiosos oponentes, o sea los venideros mariscales de Alemania Rommel y Kesselring. Alexander finalizó las vivencias de la Gran Guerra preparado para cualquier comprobación y con un extraordinario historial: dos heridas, cinco distinciones en los gacetas de guerra y tres de las más admirados reconocimientos de los aliados (Legión de Honor de Francia; Cruz Militar y Distinguished Service Order de Gran Bretaña).

En el periodo posguerra tuvo oportunidad de escudriñar en el entendimiento del pensamiento y de las competencias de los soldados alemanes. Lo comprobó al encontrarse en Letonia y enviar contra los comunistas una “división blanca», a la que  incorporó un batallón de la vencida pero revivida milicia alemana.

Carrera Militar

De su rango de subteniente ascendió a coronel de la Guardia Irlandesa, tuvo posiciones en el Estado Mayor, fue auxiliar de campo del rey y se le designó para encabezar la Nowshera Brigade al norte de la India para efectuar operaciones para promover la  pacificación (más precisamente, contención de las manifestaciones independentistas). Por ello obtuvo dos reconocimientos más y la Orden de la Estrella de las Indias.

Para 1939 el general de división Alexander cruzó de nuevo el Canal de la Mancha con la Guardia Irlandesa, en esta oportunidad encabezando la 1ra División, que constituía parte del Cuerpo Expedicionario Inglés. Comprobó en el mismísimo lugar del suceso la magnitud y los efectos de la blitzkrieg aplicada por el generalato de Hitler.

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Extensas operaciones envolventes y audaces incursiones al frente con uso intenso de la yunta ‘’vehículo de combate y aeronave”, que escasísimos tácticos del lado campo aliado habían sospechado. ”Alex'», tras ser ocupada Bélgica por los soldados alemanes, llevó a sus tropas a Flandes más alejado de la frontera y combatió con su usual disposición, pero fue remolcado por el repliegue total franco ingles.

Experiencia Birmana

Para marzo de 1942 fue trasladado a una nación remota, Birmania, donde fue impresionado por la novedad de que los japoneses habían ocupado Singapur. Existían riesgos de caer en la maraña de un extenso movimiento estratégico, de permanecer arrestado en la selva, de terminar aniquilados o presos. Vencido en Flandes, fugado en el Canal de la Mancha, ahora dejado en una nación inhóspita, alejado de la patria, enfrentando fuerzas adversas que se declaran mejores y de alta moral, un soldado menos valiente que él habría bajado la cabeza.

En lugar de ello  “Alex», conocedor de sus capacidades, persuadido de que más temprano que tarde vendría el momento de la revancha, reunió sus fuerzas, tres escuadrones ingleses e indios, para abrirse paso en la selva. Frecuentemente en la retaguardia para interrumpir el acoso del adversario, vivieron dos meses de desplazamientos forzados, de celdas enfrentadas con gran disposición de ánimo, de sobresaltos ambientales superados al momento de la embestida.

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Ocurrió así hasta alcanzar las montañas de Assam, disponiendo de sus hombres en protección de la India, Sus allegados del Alto Mando afirmaron de él, sorprendidos: «Ha conseguido mejor que ninguno cabalgar el tigre del  fracaso «.

Para el verano de 1942 el destino de la guerra estaba plenamente inclinado a las tropas del Eje Roma-Berlín Tokio. A pesar de que los Estados Unidos estaban colocando sobre la báscula de la lucha su inacabable potencial de hombres y recursos, los japoneses lucían tan indetenibles en Asia como los de Alemania en la Unión Soviética y en grandes áreas de Europa.

El Mito Rommel

Erwin Rommel, el ‘‘Zorro del desierto», por el África del septentrión había adelantado hasta 100 kilómetros de la desembocadura del Nilo. Si alcanzaba penetrar sobre Alejandría, hubiese alcanzado dos formidables objetivos: la abundancia petrolera del Oriente Medio y paso abierto hacia el Cáucaso. Allí haría la consecuente conexión con las milicias alemanas ubicadas en aquella área del frente ruso. (Ver artículo Erwin Rommel)

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Esta sería la clave esencial para el logro del triunfo final de la contienda, así como por las efectos políticos que se originaron en distintas naciones. El intachable Alexander, que conseguía tiempo para rasurarse cada mañana aun en medio de la selva birmana, a inicios de agosto fue instruido para avanzar inmediatamente a El Cairo para sustituir al general Auchinleck en la dirección del teatro de operaciones del Medio Oriente.

«Lo primero que percibí al arribar a El Cairo”, redactaría Alexander en sus memorias, ‘‘fue la ausencia casi total de obediencia de nuestros soldados. Pude hacer un recorrido en mi coche con las insignias del comando y rara vez recibía un ademán de saludo de parte de los soldados que conseguía. Otra detalle que observe en los diálogos que sostuve en aquel tiempo con oficiales de menor rango, fue sobre un mito de invulnerabilidad que envolvía a Rommel.

La publicidad había levantado a su alrededor una muralla de indestructibilidad. No queda duda de que Rommel era un hábil combatiente, un hábil comandante y un excelente táctico, pero es exagerado creer que se pudiese razonar su gloria asignándole cualidades sobrenaturales.

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«Lo único que particularmente puedo indicar sobre él», comentó Alex,  «es que fue un enemigo muy decente. En una oportunidad atrapó prisioneros lesionados y me comentaron que hizo lo necesario para que su estadía en el hospital fuese placentera, llegando inclusive a preparar en aquel desierto un ceremonia en su honra. Y este suceso, estoy convencido, ayudó no poco a nutrir al mito  Rommel».

Difíciles Relaciones con Montgomery

“Alex”. quien comprendía profundamente la psicología de las tropas ya que el mismo fue combatiente desde la Gran Guerra, utilizó las iniciales semanas de su elevado encargo restaurando la moral y la obediencia. Hizo saber a los soldados que igualmente Rommel era un humano como los demás, admirable pero no invencible si era detenido con el espíritu y los elementos pertinentes.

Al fin mudó el Cuartel General de El Cairo, ciudad próspera en circulación y entretenimiento, al desierto, a una colección de bazares y barracas construidos próximos a las pirámides, generando así el ambiente para la gran misión. Así se organizó el “reunión” con Montgomery, su apoyo más importante. El “enlace» entre “Alex» y “Monty» causó controversias que los estudiosos no han finalizado totalmente.

«Conocí a Montgomery en la academia de guerra”, redactaría Alexander, sabía que era una persona difícil de tratar. Por ejemplo, las instrucciones administrativas enviadas por mi superioridad eran usualmente retornadas con un conjunto de observaciones, mientras que ‘Monty’ quería plena libertada de mando y pretendía hacer lo que le pareciese más adecuado. Pero en los temas formales era usualmente bastante sensato. (Ver artículo Bernard Montgomery)

En cierta oportunidad Eisenhower relató un episodio que expone claramente la postura de ‘Monty’ en relación a las órdenes consignadas desde arriba. La superioridad estadounidense había emitido varios mandatos que el general había desconocido, tanto así que «Ike» le cuestionó: «Pero, ¿no sigues jamás las órdenes?». Y «Monty» respondió: «Si no son de mi gusto, avanzó lo más que pueda sin seguirlas, intentando realizar lo que pienso. Si después de todo no lo alcanzo, retrocedo y obedezco».

La Batalla de El Alamein

Otra particularidad predominante en el carácter de Montgomery es su gran «noción del triunfo». Siempre manifestó que a partir de la batalla del El Alamein en avante, no tuvo jamás que experimentar un fracaso. Esto es cierto, pero hay que agregar que jamás se colocó en posición de perdedor. Justamente por ese motivo se presentaba siempre porfiado ante las órdenes que le obligaban a aventurar. «Montgomery es una individuo encantador», dice Alex, «pero, aun así, creo, que erra al adjudicarse totalmente para él toda la gloria del triunfo.»

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La contraofensiva concebida en detalle por Alexander comenzó al atardecer del 23 de octubre de 1942 con un terrorífico cañoneo de artillería. En sólo veinte minutos, ochocientos cañones arrojaron decenas de miles de municiones sobre las espacios defendidos por los ejércitos italo alemanes. Las escuadras de Italia más impactadas fueron la “Ariete”, la “Littorio” y la “Trieste», que vanamente gestaron momentos heroicos.

Bajo las órdenes de Montgomery, secundadas por el familiar tono de las gaitas escocesas, las tropas del Reino Unido se arrojaron al asalto de la fortaleza de El Alamein. la contienda más sangrienta jamás peleada en terreno africano.

Luego de doce días, bajo amenazas de ser envueltos, los germano italianos comenzaron la retirada el 4 de noviembre, para terminar abandonando Egipto totalmente el 12 de noviembre. Tras ello dejar igualmente a Libia, y luego las posiciones invadidas en Túnez. El triunfo de los aliados fue fortalecido por el desembarco angloamericano en el África del septentrión francés.

Conquista del Norte Africano

Disciplinado igualmente a la hora del triunfo, Alexander no omitió que Churchill igualmente se enfrentaba a sus opositores en la política interna. Tras la ocupación de Trípoli el 23 de enero de 1943, ya con inexistente defensiva, obtuvo del Primer Ministro la solicitud de emitir un manifiesto “llamativo y trágico» para ser leído en la Cámara de los Comunes, y le redactó: «Hemos desterrado totalmente al ejército enemigo de Egipto, Cirenaica y Tripolitania ”. Eventos verídicos, pero ocurridos previamente a la ocupación  de Trípoli.

El 7 de mayo de 1943 se terminó toda oposición en África de parte de los ejércitos del Eje. Unido a los paladines de Stalingrado, Alexander se encontraba entre los más destacados creadores de la tan añorada variación en el curso de la pelea. (Ver artículo Batalla de Stalingrado)

A la hora de sacar cuentas, Alexander tiene a su favor el triunfo sobre Rommel y el derrumbe de su mito y el haber obtenido un trofeo de 300.000 prisioneros, incluidos generales y completos Estados Mayores. Entre ellos el general Messe, quien distintamente a Rommel había rechazado colocarse a salvo, acompañando hasta el fin lo que deparaba a sus tropas.

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No hubo pausa, ya que el 14 de enero se había congregado la Conferencia de Casablanca en la cual se dispusieron los proyectos para la ocupación de Sicilia. Alexander fue colocado en la vanguardia de este complejo operativo, denominada en nombre clave como «Husky».

Este plan contemplaba la organización de las tropas aliadas en tierra, mar y aire: un previo «calentamiento» en presunción del venidero desembarque en Normandía,  y el primer operativo anfibio de grandes dimensiones contra el litoral enemigo de la Segunda Guerra Mundial. Estos planes fueron organizados sin la ayuda de una previa comprobación práctica. «Alex» contó entre sus más inmediatos cooperantes a dos reconocidos generales estadounidenses Patton y Bradley.

Alexander juzgaba a estos dos contrastantes personajes: «El primero, inquieto, aborrecía la ausencia de actividad. El segundo no estaba dispuesto a emprender un proyecto sin previamente establecer plenamente sus objetivos y finalidades. Patton hubiese sido un extraordinario mariscal de Napoleón. A través de la ocupación disparó él mismo un cañón antitanque para repeler un contragolpe del enemigo.

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Al amanecer del 10 de julio de 1943,  el VII Ejército estadounidense y el VIII Ejército inglés, con una sumatoria de 160.000 tropas transportadas en 3.266 buques provenientes del norte de África, agregadas a destacamentos aerotransportados (por primera oportunidad), arribaron a tierra en Gela, Licata, Scoglitti y en la región entre Cabo Passero y Siracusa.

No obstante la arrogante oferta de Mussolini («el adversario será enterrado en las playas”), el desembarco se efectuó de modo  perfecto, con ligeras pérdidas. La ocupación de Sicilia fue concluida en solo treinta y ocho días. Los aliados garantizaron el total control del espacio mediterráneo y un cimiento robusto para posteriores operativos en el sur europeo. (Ver artículo Benito Mussolini)

El Armisticio con Italia

Alexander, tras ser designado igualmente como gobernador de Sicilia, el 2 de septiembre fue el que primeramente recibió al general Giuseppe Castellano, representante de Roma a Cassibile para las conferencias de armisticio que se concluiría al próximo día con la suscripción de la capitulación sin condiciones de Italia.

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Tras atravesar el istmo de Messina el mismo 3 de septiembre, Montgomery invadió Tarento el día 8. El 9 Alexander encabezó el “Operativo Avalancha», o sea el desembarco en Salerno. Alcanzó tierra entre los primeros, y experimentó en la ribera terribles días de desasosiego comprobando que su ejército (el X Cuerpo de la milicia británica y el VI Cuerpo de la milicia estadounidense) estaban contenidas, no obstante, tener al frente sólo una división blindada alemana, la “Hermann Goering”, y varios pocos batallones de alemanes e italianos .

El mismo relató: «Es mi determinada convicción que si no hubiésemos contado con una total superioridad naval y aérea desde el comienzo, este operativo habría estado predestinado a un entero revés”.

Los alemanes renunciaron a la oposición, entreabriendo a los aliados la columna de los montañas desde Vietri hasta Nápoles, sólo cuando entendieron que podrían ser rodeados tras el arribo las tropas de «Monty». Pero de allí en adelante “Alex» no manifestó ser el más rápido de la contienda ni un táctico brillante y atrevido.

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Ya sea por limitaciones naturales, o sea por distintas razones: primero, para los aliados era preponderante la planeada ocupación de Normandía (Eisenhower habría llegado a Inglaterra en noviembre de 1943  para dedicarse a este plan); segundo, no calaba en sus concepciones exponer más tropas de los necesarias para una operativo raudo.

En tercer lugar, el mariscal Kesselring fue un diestro guerrero a la hora de la defensa, contendiendo cada metro; y como cuarta consideración, Alexander disponía bajo su mando de tropas de 26 distintos países (incluidos posteriormente los italianos), cuyos jefes a veces no acataban las órdenes.

Es destacable el caso del general Mark Clark, jefe del V Cuerpo de la milicia estadounidense, que para hacerse de la gloria de libertar Roma quebrantó algunas mandatos. Estos señalaban que debió primeramente arrinconar a las tropas alemanas relegadas al sur de la ciudad.

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La Batalla de Montecassino

Si este incidente fue completamente intrascendente para las consecuencias últimas de la operación, mucho más graves fueron los «casos Anzio y Cassino» sucedidos previamente. Alexander, promovido ya a jefe del teatro de guerra mediterráneo, para quebrantar la oposición de la «Línea Gustav» dio instrucciones para un asalto intensivo contra Montecassino y un desembarco anfibio en Anzio.

En Montecassino, Alemania había amurallado el sector alrededor del antiguo monasterio, abundante de tesoros artísticos y que resguardaba los despojos de San Benito. Alexander empezó a conjeturar que los alemanes utilizaban como miradores los anchos ventanales de los calabozos de los frailes, con los cuales de dominaba el horizonte.

Convencimiento que enseguida se vio reforzado al ser notificado por un agente del servicio secreto estadounidense que se había interceptado la siguiente comunicación de radio entre contingentes enemigos: «Wo ist der Abt? Ist er noch im Kloster?». Lo cual se traduce: “¿Dónde se encuentra el Abt? ¿Está aún en el monasterio?». Abt se traslada del alemán como Abad, pero en argot militar es utilizado como para abreviar Abteilung, destacamento.

En verdad en esta ocasión hacía referencia específicamente al Abad, pero tras de vanos ataques “Alex» mandó que Cassino, fortificación inexpugnable, fuese cañoneada por las «Fortalezas Volantes», sin tener consideración con el monasterio. En un solo día, del 15 de marzo fueron lanzadas 450 toneladas de bombas. (Ver articulo Boeing-b-29-Superfortess)

Para ese momento los alemanes se defendieron ya entre los restos del convento y de las viviendas, y mantuvieron su resistencia a través de dos meses más. Este capítulo se utilizó para conseguir una óptima oportunidad de propaganda a los expertos voceros de Goebbels, que culparon a los aliados de querer destrozar intencionadamente el patrimonio artístico-cultural de Italia. (Ver aeticulo  Goebbels)

El desembarco en Anzio se efectuó el 22 de enero. El cuerpo expedicionario angloamericano (50.000 tropas con 5.200 transportes) quedó anclado por cuatro meses en el litoral, lo que provocó la pérdida de 23.000 soldados entre fallecidos y lesionados.

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Se culpó de este fracaso al encargado directo de las destacamentos desembarcados, el general estadounidense John P, Lucas, que abruptamente fue removido de su posición. En su descargo declaró: ‘ ‘Mis órdenes eran marchar «hacia» los montañas Albanesas, y no «sobre» los montañas Albanesas». Pero era el comandante en jefe quien era finalmente responsable.

El Peso de Churchill

Fue finalmente el 4 de junio, con evidente retraso de acuerdo a lo previsto, que fue hecha libre Roma. Alexander. a través de los tiempos de espera, le habían sido remitidos dos vivos recados provenientes de Churchill: «¿Qué haces allí sentado? ¿Por qué no usas tus fuerzas blindadas con una gran táctica a través de las cumbres?». Y en relación a Anzio: “Era mi expectativa observar a un gran gato montés rugir sobre los montañas y  ¿con qué me hallo? Una ballena clavada en la playa».

De cualquier manera, fue designado mariscal, el Papa lo recibió y fue hospedado toda una semana por el rey Jorge VI, que al marcharse le obsequió una modesta bañera de goma extraída de un globo de barrera. “Alex» se ilusionaba con terminar antes de finalizar el año la ocupación de Italia, para después ir a Viena y adelantarse a los rusos.

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Ocurrió lo contrapuesto, fue anclado a través todo el invierno a lo extenso de la “Línea Gótica». Se equivocó al notificar a los partisanos localizados en los montañas: «La nieve no nos deja pertrecharse, disuelvan las unidades, esperamos la primavera». Mandato que no fue acatado y generó molestias a  las fuerzas de la Oposición.

Aun así, fracturada la última línea de defensa, rebasada la planicie del Po, los aliados terminaron la operación. La capitulación de las alemanes fue suscrita en el Cuartel General angloamericano de Caserta el 29 de abril de 1945.

Últimas Actividades de Harold Alexander

Se presentaron otros mandos relevantes. Gobernador General del Canadá de 1945 a 1952. Alexander, con su acabado francés y sus procederes de «gentleman», alunizó a los canadienses. Más adelante fue designado secretario de Defensa y segundo al mando de las fuerzas de la OTAN. Finalizó su existencia en su hacienda de nombre“de los Ruiseñores», a la entrada de Londres, dedicándose a las flores y a la pintura.

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