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¿Sabes quien fue Alan Brooke? Descubre aquí su historia

Alan Brooke fue un General Británico con un brillante desempeño en diversos teatros de Guerra. A través de gran parte de la Segunda Guerra Mundial, ejerció como el principal consejero militar del Primer Ministro Winston Churchill, y  logró transformar la derrota de Dunkerque en un triunfo al salvar gran parte del ejército inglés.

Alan Brooke

Biografía de Alan Brooke

Alan Brooke fue un General inglés, quien nació un 23 de julio de 1883 en Bagneres de Bigorre en los cercanías de Pau, al sur de Francia, siendo parte de una prestigiosa familia del norte de Irlanda. Incidentalmente nació allí ya que su padre, Sir Victor, se vio en la necesidad de mudarse a esta población por motivos de salud. Contrajo nupcias en par de oportunidades y procreó cuatro hijos. Falleció en Hartley Wintney, Hampshire, el 17 de junio de 1963.

Formación Militar

Recibió su educación en Francia, donde habitó hasta sus 16 años, edad en la cual se incorporó a la Royal Military Academy, en Woolwich, obteniendo allí su diplomado como oficial de artillería. Al principiar el siglo XX sirvió en Irlanda, y luego peleó en la India.

Ascensos

A través de la Primera Guerra Mundial militó en la Royal Artillery en Francia, y al finalizar dicha contienda había escalado al grado de teniente coronel. En la etapa entreguerras, fue maestro en el Staff College, Camberley y el Imperial Defence College, donde muchos de los que allí conoció se convirtieron en los más relevantes comandantes británicos que actuaron durante la Segunda Guerra Mundial. (Ver también El Eje En la Segunda Guerra Mundial)

Alan Brooke

Ascendió al rango de Comandante en 1916 y General en 1917, y fue condecorado con todas las distinciones factibles y concebibles, de la Cruz de la Orden a la del Mérito hasta la Jarretera. Para el año 1940, Alan Brooke, ya con cincuenta y siete años y faltando solo tres años adicionales de servicio para alcanzar la edad oficial de retiro, vio como su inminente destino se distanciaba al desencadenarse el nuevo conflicto.

Segunda Guerra Mundial

Gracias a su capacidad estratégica Alan Brooke pudo participar, como parte del Alto Mando Militar Aliado, en diversos escenarios de guerra a través este segundo conflicto. Sus extensa actividad militar le permitió tener una opinión y una perspectiva clara del accionar en cada frente de guerra.

Evacuando Dunkerque

El mismo día de 1940, tras capitular Bélgica y firmar su rendición, la Wehrmacht arribaba a la que luego se conocería como la “bolsa de Dunkerque», espacio donde se hallaban confinados, con el mar a sus espaldas, las tropas belgas, los nueve escuadrones del Cuerpo Expedicionario Británico y los diez escuadrones del I Ejército francés.

Alan Brooke, con sus cuatro escuadrones del II Cuerpo de ejército, resguarda el costado de la avanzada inglesa (que al rendirse los belgas había quedado expuesto) y dirigió con mano firme a su ejército, que, acosado por el adversario, trataban  de forma desesperada ascender un angosto paso hacia los improvisados senderos de retirada de los pantanales de Dunkerque. (Ver Articulo Batalla de Dunkerque)

El 28 de mayo, una sorprendente flotilla de mil barcos apoyó la evacuación de 17.084 tropas del litoral francés. El 29, el número casi se triplicó (47.310); el 30 ascendió a 53.823, y el 31, a 68.014. Al anochecer del 4 de junio, los restantes 26.115 soldados abandonaron Dunkerque. En sumatoria, arribaron a la Gran Bretaña 337.131 soldados, de ellos 112.546 eran franceses, y  murieron 13.053 hombres.

Probablemente debido a esta operación, cuarenta y ocho horas tras haber retornado de Dunkerque, Alan Brooke fue de nuevo enviado por Winston Churchill a Francia con la instrucción de colocarse al frente de los 140,000 tropas que estaban allí y preparar el grueso de un flamante Cuerpo Expedicionario.

Alan Brooke entendió que como aquella era sólo una señal típicamente “churchilliana” (para el momento histórico, hay que mostrar la mano abierta al aliado en problemas), que la circunstancia era indefendible y que se malograron en infructuoso socorro destacamentos particularmente útiles y combativos, tuvo el arrojo de negarse a inmolar el componente militar ante las  motivaciones políticas.

Alan Brooke

Llegado a Cherburgo al anochecer del 11 de junio en un modesto carguero de bandera holandesa, Alan Brooke se congrega al próximo día con Georges y Weygand en Briare. Los máximos comandantes franceses le notifican de que habrá de ser parte en el resguardo del “reducto bretón», cuya organización ha sido resuelta por el comité interaliado.

Alan Brooke solicita un compás, lo entreabre sobre un plano del norte de Francia y calcula como debería disponerse el avance previsto. «Ciento cincuenta kilómetros. Se requieren quince divisiones, indica Brooke. ¿Dónde se encuentran?». Georges y Weygand estrechan sus hombros. Al próximo día, una prolongada y nada apacible llamada por teléfono de Alan Brooke a Londres persuade a Churchill de que deje de lado el plan del “reducto bretón» y evacue de Francia hasta las últimas tropas.

El Mejor Militar

Si bien Montgomery le catalogara como «el mejor militar de todos las naciones que han formado parte en la postrer guerra», la grandiosidad de Alan Brooke se origina cuando, en 1941, fue jefe de operativos del ejército británico. En esa oportunidad debió enfrentar la cuestión táctica para una Gran Bretaña que, hasta la fecha, solo se ha defendido con los medios disponibles y a contener a sus adversarios europeos tras una limite protector constituido por el océano y el desierto, sin proponer una fórmula que la lleve al triunfo final.

Alan Brooke

Alan Brooke presiente, quizás mejor que nadie más, la relevancia que «para el íntegro devenir de la guerra» significa la inesperada resistencia soviética ante Moscú en diciembre de 1941.

Alan Brooke, como todos los grandiosos generales ingleses desde Marlborough a Wellington, fundamenta su maniobra en la contienda naval. De acuerdo a sus ideas (noviembre-diciembre de 1941) el Eje debe ser arremetido por un flanco donde, aprovechando la particular configuración geográfica y la proximidad al mar, la logística facilitará a las tropas de tierra de los Estados Unidos, aún incompletas, ejecutar un impacto superior a sus verdaderas probabilidades.

Estrategias en el Norte Africano

Para 1941 le fue ofrecido el mando de las fuerzas inglesas en Oriente Medio, pero no lo aceptó señalando que él era el Jefe Militar que sabía mejor controlar los impulsos del Primer Ministro Churchill, de quien señaló que «usualmente luce impresionable por consejos errados por parte de personas no calificadas».

Alan Brooke

Al expulsar a alemanes e italianos del norte africano, se rescatan las rutas interrumpidas del Mediterráneo, recortando así el trayecto de las caravanas que transportan provisiones al Oriente Medio e India, y se disponen un millón de toneladas en buques para las cercanos operativos bélicos.

Luego, advertía Brooke, desafiando al adversario desde el mar y sometiéndose, con la invasión de Italia, a resguardar centenares de millas de litoral, se podría arremeter contra sus líneas de protección del continente, donde las comunicaciones no son fáciles. De este manera los aliados alcanzaran la meta de someter a Alemania a asignar sus reservas a áreas que, dada las condiciones montañosas del terreno (Grecia e Italia), y la carencia de grandes carreteras (Yugoslavia), serían dificultosamente evacuables.

Considerada esta perspectiva, sería viable un ataque aliado en Normandía sin enfrentar la posibilidad de desencadenar un contragolpe suficientemente decidido. Conociendo la fortaleza del Eje, la diferencia entre triunfo y derrota, según Brooke, es agustisimo.

Por ello no se puede desperdiciar recurso alguno en lugares o momentos incorrectos: «de otro manera, cuando la buena oportunidad se acercase no habría suficientes buques, hombres, aeronaves, cañones, carros de combate y provisiones aprovechables» .

Alan Brooke

Acciones en el Mediterráneo

Para 1942 Alan Brooke comentó que con el VIII Ejército en evacuación, y Malta y el Canal de la Mancha en riesgo mortal, y siendo aún incierto el resultado de la contienda del Atlántico y Von Manstein avanzando triunfal en Crimea, la sola noción de invadir Europa sería como “ hacer un hoyo en el agua». (Ver también Erich Von Manstein)

La maniobra más inminente y apremiante, sostiene Brooke, es proteger a Egipto, y a la vez trasladar con suma prisa hombres y provisiones al otro lado del Cabo de Buena Esperanza. Todo ello con la finalidad de que Gran Bretaña pueda resguardar al valle del Nilo y los campos de petróleo persas y conservar incólume la mitad restante de la línea de enlace con el Oriente, hasta que, reiniciada la acometida en el desierto y ejecutado un desembarque en el norte de África, fuese viable volver a aperturar la otra mitad.

No obstante, su perspectiva táctica impera y vence, Alan Brooke debe admitir, quizás por motivaciones políticas, cambios fundamentales de los operativos que ha ideado. El operativo en Italia es, para él, origen de grandes aflicciones (y la pérdida de sus proposiciones llevó a los italianos, posiblemente, a un segundo invierno de contienda partisana).

Alan Brooke

Los americanos rechazan explotar el colapso de Italia y acoger la idea de Alan Brooke de ocupar en seguida Roma, expandirse a los Balcanes, invadir Rumania y persuadir a Turquía de que participe dando paso a los Dardanelos. Tras ello juntarse con los soviéticos y repeler a los alemanes en el mismo centro de Alemania aun antes de lo sospechado. Brooke es, y así lo afirma, sólo un militar, pero su propuesta llevaría a los occidentales a Europa oriental y expulsara de allí a los soviéticos.

Normandía

La táctica recomendada por Brooke para el desembarco en Normandía igualmente no goza de mejor fortuna. Efectivamente, con motivos fundamentados redactaría luego que Alemania podría ser finalmente vencida para el otoño de 1944. La oportunidad de demoler las protecciones alemanas en el frente occidental, rodear el Ruhr y expandirse por el norte del país, evidentemente se ha desperdiciado.

Y no podemos olvidar la ‘‘excelente oportunidad aprovechable» que Alan Brooke ha presentido desde hace tres años, pero Eisenhower descarta esta propuesta, puede ser por rivalidad nacional, o por eventos fortuitos. Alan Brooke, en su diario, reprochaba, y con motivos, esta oportunidad desaprovechada. Son singulares los individuos que como él, en aquellas circunstancias decisorias, poseyeron tan nítida visión del progreso de la guerra.

“Estoy persuadido, había redactado en su diario el día 1 de diciembre de 1941, que nuestra forma de conducirnos debía orientar tanto el empeño político como el militar, a conseguir la ocupación del norte de África. Desde allí podríamos estructurar los operativos de asalto contra Italia”. En este comentario está la dimensión del coraje de un táctico que las crónicas de la guerra han desconocido.

Títulos y Reconocimientos

Brooke, quien heredó el título de Sir por su familia, obtuvo el nombramiento de barón Alanbrooke, de Brookeborough, County Fermanagh (Irlanda del Norte) en 1945, como reconocimiento a los servicios brindados a través de la Segunda Guerra Mundial. Luego fue extendido a vizconde Alanbrooke en 1946.

A través de la Primera Guerra Mundial obtuvo la Orden al Servicio Eminente. En 1940 fue designado Caballero Gran Cruz de la Orden del Baño por su desempeño en Francia. En 1946, finalizada la guerra, fue designado Caballero de la Orden de la Jarretera y le fue otorgada la membresía de la Orden del Mérito. En 1953 obtuvo la Gran Cruz de la Orden de la Liga y fue designado Caballero Gran Cruz de la Real Orden Victoriana.

Alan Brooke

Retiro y Últimos años

Tras retirarse sirvió como Lord Alto Condestable de Inglaterra a través del entronamiento de la reina Isabel II del Reino Unido en 1953. Igualmente ocupó la posición de Canciller (rector) de la Queen’s University Belfast desde 1949 hasta su fallecimiento. Luego de su retiro en 1946, cambió su vivienda principal a Hartley Wintney, Hampshire, donde murió y fue sepultado en 1963.

Diarios de Guerra de Alan Brooke

Su libro «Diarios de Guerra» vio la luz por primera vez en 1957, en una edición con gran censura​ (el mismo Brooke había redactado en su contracubierta: «Lo contenido en este texto no debe hacerse público». Es en el año 2001 cuando aparece una edición completa del diario que fue de enorme interés de los estudiosos por su perspectiva de las intimidades del empeño de guerra inglés. Igualmente sus opiniones de Winston Churchill y otras figuras destacadas de esos tiempos, con quienes fue muy crítico.

De esta última edición se llega a conocer sobre la gran frustración que sintió Alan Brooke al desestimarse para dirigir el asalto aliado a Normandía en favor de Dwight Eisenhower. Explica que fue una motivación eminentemente política, aduciendo para ello que los norteamericanos eran quienes proveían a la ocupación más hombres y equipos.

Igualmente es sorprendente la antipatía sentida por Brooke hacia Churchill. Es revelador el hecho de que a través de la guerra como en los años siguientes, Brooke no permitiese que sus opiniones más críticas fuesen publicadas. Brooke dejó indicado en diversas escritos y documentos que sus diarios deben ser vistos bajo las circunstancias apremiantes bajo las que se escribieron, así como la certidumbre de que jamás se encontraron tales comentarios fuera de ese texto.

Operación Impensable

El Operativo Impensable (en inglés: Operation Unthinkable) fue un proyecto creado por los británicos destinado asaltar a la Unión Soviética a finales de la Segunda Guerra Mundial en connivencia con los Estados Unidos. El operativo implicaba una ocupación del territorio ruso e incluía la cooperación de los ejércitos alemanes y polacos como asociados.

Británicos y Estadounidenses contemplaban al comunismo soviético como una eventual intimidación para Europa y la llegada del fin de la contienda contra el Tercer Reich sería una ocasión singular para su exterminación. La concepción del plan fue orden del Primer Ministro británico Winston Churchill a inicios de abril de 1945 y el escrito «La amenaza Rusa a los países occidentales» fue preparado por el ejército de su país. (Ver Articulo Tercer Reich)

El general Sir Alan Brooke, comandante del ejército británico, reclamó por el extralimitado belicismo de Churchill, y éste le sosegó señalando que si Stalin no admitía las peticiones de occidente, los Estados Unidos se encontraban alistados para asaltar Moscú, Stalingrado y Kiev. Para esos momentos el dirigente británico ya conocía del Proyecto Manhattan y el potencial nuclear de Estados Unidos.

Alan Brooke

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