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El 30 de abril del año 1725 se logró firmar el Tratado de Viena por parte de los representantes de Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico y de Felipe V de España. Fue a través de este primer tratado que se logró poner punto final a una guerra que se había prolongado por un cuarto de siglo entre combates y negociaciones. Acompáñanos a conocer un poco más sobre este episodio que marcó la historia del continente Europeo.

Tratado de Viena

Tratado de Viena

En nuestro artículo de hoy estaremos realizando un breve recorrido por uno de los episodios históricos más importantes ocurridos en años anteriores como lo fue el Tratado de Viena, un hecho que marcó por completo la historia de España y de gran parte del continente europeo. Para comenzar a hablar del Tratado de Viena es esencial hacer un repaso por algunos datos previos a éste acuerdo de alta relevancia. Todo dio inició tras la muerte del gran Duque de Parma, tío de Isabel de Farnesio el 20 de enero de 1731.

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La muerte del gran Duque de Parma permitió que se abriera el asunto de la sucesión al ducado en España, un país que para ese entonces se creía apoyado por otras potencias mundiales como Francia y Gran Bretaña, sobre todo en aspectos relacionados con los derechos sucesorios, sin embargo, todo cambió cuando en la Corte cundió la alarma cuando se conoció que el Emperador había ordenado enviar tropas especiales para ocupar Parma y Plasencia.

Con este hecho inesperado, España se vio en la obligación de solicitar de forma inmediata el apoyo de Francia, sin embargo, al ver que llegaba el 28 de enero y no recibían ningún tipo de respuesta satisfactoria de parte de los franceses, el rey declaró que España se sentía “libre de todos los engaños contraídos en el Tratado de Viena y que quedaba en plena facultad de tomar el partido que más convenga a sus reales intereses”.

Fue precisamente luego de estas declaraciones emitidas por parte del Rey que todas las potencias del continente europeo decidieron de forma unánime tratar de impedir una nueva guerra, por lo que el 23 de enero del año 1731 deciden firmar en Viena un nuevo tratado entre varios países, entre ellos, Gran Bretaña, Holanda y Austria. Tiempo después se firmó otro tratado, en julio, entre España y Austria, quedando claro que este último país reconocía las propuestas del Tratado de Sevilla y aceptaba que tropas españolas entraran en Parma, Plasencia y Toscana.

Aunque ciertamente el 23 de enero del año 1731 países como Gran Bretaña, Holanda y Austria deciden firman un Tratado de Viena, también es cierto que previo a esta fecha ocurrió un hecho similar, específicamente en el año 1725 cuando también se firmó un Tratado de Viena. En esa oportunidad el tratado se selló el 30 de abril por parte de los representantes de Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico y de Felipe V de España, en el cual el primero de ellos renunciaba definitivamente a sus aspiraciones al trono de la Monarquía de España.

En mencionado Tratado de Viena, Felipe V de España también reconocía la soberanía de Carlos VI sobre los territorios de Italia, al igual que de los Países Bajos que antes de la guerra habían pertenecido a la Monarquía Hispánica. Fue de esta manera como el primer Tratado de Viena logró poner fin a una guerra que, entre combates y negociaciones, había durado un poco más de cuarto de siglo, donde las dos monarquías, tanto la española como la francesa, se reconcilian.

Es así como en el mes de abril del año 1725 ocurre este episodio histórico y trascendente para el continente europeo. El primer Tratado de Viena se da entre el emperador Carlos VI de Austria y Felipe V de España. Carlos, a cambio de preservar todos sus derechos como rey de España, recibe de Felipe V la cesión de todos los derechos que tenía en Italia y en los Países Bajos. Sin duda alguna que fue este tratado con el cual se le pone fin a la Guerra de Sucesión y de la persecución de Catalunya que había durado un cuarto de siglo.

Meses después de haber sido firmado el Tratado de Viena, el emperador Carlos VI incumple el acuerdo firmado por España, al negarse a entregar a su hija, la archiduquesa María Teresa, como esposa del príncipe español Carlos (Carlos III). Este incumplimiento obliga que el 9 de noviembre de 1729, España decida firmar junto con Inglaterra, Francia y los Países Bajos el denominado Tratado de Sevilla, mediante el cual se reconocen todos los derechos de los infantes Carlos y Felipe a los ducados italianos de Parma, Piacenza y Toscana. (Ver artículo: 9-mm Parabellum)

El congreso de Viena

Seguramente usted alguna vez ha escuchado nombrar el Congreso de Viena, pero ¿Sabe de qué trata y cuáles fueron los objetivos alcanzados con él? En primer lugar tenemos que decir que el Congreso de Viena no fue más que una conferencia o reunión que se realizó entre los embajadores de las grandes potencias del continente europeo y la misma tuvo lugar en la capital de Austria el dos de mayo de 1814 al nuevo de junio de 1815. Este congreso tuvo como principal objetivo rediseñar el mapa político del viejo continente después de la derrota de Napoleón.

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Con el Congreso de Viena los participantes tenía con meta restaurar los tronos de las familias reales que fueron derrotadas por las tropas de Napoleón y firmar una alianza entre los monarcas. Desde el punto de vista de los términos de paz, se podría decir que se logró establecer la firma del Tratado de París, el 30 de mayo de 1814 con el cual se establecieron las indemnizaciones a pagar por Francia a los países vencedores.

La firma definitiva del Congreso de Viena ocurre específicamente nueve días antes de que fuera derrotado Napoleón en la Batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Entre los principales objetivos que tuvo este Congreso fue buscar y afirmar un equilibrio entre las naciones de Europa que han conseguido perder sus territorios a manos de Francia en la época napoleónica. Cuando termina la época napoleónica, comienzan a ocurrir interesantes cambios a nivel económico y políticos en todo el continente europeo.

Se podría decir entonces que el Congreso de Viena no fue más que una conferencia que se realizó entre las potencias europeas vencedoras que lucharon fuertemente contra el Imperio de Napoleón Bonaparte con el objetivo principal de redibujar el mapa político del continente, a fin de restablecer el orden en Francia y equilibrar las fuerzas para garantizar la paz en Europa. En este congreso tuvieron participación directa países como Austria, Gran Bretaña, Rusia, Prusia y Francia que fueron representados por sus respectivos embajadores. Por su parte España intervino superficialmente como potencia de segundo orden.

Se considera que el Congreso de Viena fue el episodio más importante ocurrido durante la llamada “Europa de los Congresos” y que fue realizado tras la derrota en contra de Napoleón Bonaparte. Precisamente una vez se concreta la derrota de España y el derrocamiento de Napoleón, Europa decide reunirse para dictaminar las líneas generales de lo que sería la política internacional del siglo XIX, es decir, sería sin duda alguna el primer congreso de la Restauración.

Fue de esta manera que las principales cortes europeas acuerdan sostener un encuentro en septiembre de 1814 luego de lograr vencer a Napoleón. La idea de este congreso fue básicamente establecer un nuevo equilibrio en todo el continente europeo que estuviese basado en la solidaridad de las monarquías frente a cualquier intento revolucionario de signo liberar, además de establecer un nuevo diseño en cuanto al mapa europeo. Francia por su parte logró superar su etiqueta de país derrotado y fue considerado como una potencia más del continente.

Países miembros de la convención

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En Viena, Austria, el 23 de mayo de 1969 fue suscrita la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados la cual logró entrar en vigencia el 27 de enero de 1980. Esta convención fue realizada por una conferencia internacional reunida en Viena sobre la base de un proyecto previamente elaborado, durante más de quince años de trabajo por parte de una Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas. El objetivo principal de esta convención fue codificar el derecho internacional consuetudinario de los tratados.

También es importante aclarar que el término “Convención de Viena” hace referencia a la denominación de diversos tratados que han sido firmado por distintos países en la ciudad de Viena, entre ellos, la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, Convención de Viena sobre Relaciones Consulares y la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados en 1969. Esta Convención no posee efecto retroactivo debido a que sólo puede ser aplicada a los tratados celebrados después de su entrada en vigor y no a los celebrados con anterioridad. La Convención fue firmada por varios países, entre ellos, los miembros de las Naciones Unidas, quienes previeron que era importante hacer valer los derechos que contiene. (Ver artículo: Guerra del Rif)

Consecuencias del tratado de Viena

Durante el desarrollo de este interesante artículo hemos venido realizando un breve recorrido por los aspectos y datos más importantes relacionados con el Tratado de Viena, uno de los tantos acuerdos sellados entre varios países, pero éste en especial hace referencia al ocurrido en 1725 y que logró poner punto final al prolongado enfrentamiento que, desde el inicio de la Guerra de Sucesión Española en 1700, mantuvieron España y el Imperio austríaco. Como todo conflicto, éste también provocó varias consecuencias tanto económicas, políticas como sociales.

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Lo primero que podemos decir es que con la firma del tratado de Viena en 1725 se logró cerrar uno de los capítulos de guerra y confrontación más largo en la historia de España y el continente europeo. Fue precisamente luego de este tratado de paz que ambas potencias, tanto España como el Imperio austríaco logran reconciliarse en medio de un ambiente de cordialidad. El Tratado de Viene pone fin al ciclo del sistema internacional surgido de la conferencia de Utrecht que estableció las bases de un nuevo equilibrio de poderes en Europa.

Para continuar hablando sobre las principales consecuencias que arrojó el Tratado de Viena, es importante hacer mención brevemente a parte de la historia. Recordemos que el 30 de abril del año 1725, Felipe V de España y el emperador Carlos VI lograron ponerse de acuerdo y proceden a firmar un primer acuerdo de paz y amistad, al igual que un tratado de alianza defensiva. Un día después, es decir, el 31 de abril de lograr sellar el acuerdo de comercio y navegación, por lo que esta decisión también tuvo sus consecuencias desde el punto de vista económico.

Fue el siete de junio de 1725 cuando el tratado de paz se ratifica y el cinco de noviembre de ese mismo año, ambas potencias europea concluyen un acuerdo final de alianza militar contra terceras potencias. Se podría decir que el tratado más importante fue sellado justamente el 30 de abril, cuando se acuerda una paz y alianza perpetua ente ambos estados. Allí el emperador reconoce oficialmente a Felipe V como rey de España y de las Indias a cambio de la renuncia de éste a la soberanía sobre los antiguos Países Bajos españoles y los territorios italianos

Recordemos que estos territorios italianos habían sido cedidos a Austria sin la concurrencia de España en la paz de Utrecht de 1712-1715. Con este tratado, Felipe V se compromete a no reclamar sus derechos sucesorios sobre el trono de Francia. Por su parte el emperador se comprometió a mediar ante el gobierno británico para tratar de la devolución de Gibraltar y Menorca, que habían sido entradas a los británicos por parte de Luis XIV en nombre de Felipe V en la paz de Utrecht.

Este acuerdo al que llegaron ambas potencias arrojó interesantes consecuencias, sobre todo desde el punto de vista político y económico. Por ejemplo el tratado sobre comercio y navegación logró que España reconociera los derechos de la Compañía de Ostende que había sido creada en 1722 con el objetivo de fomentar el comercio imperial con las Indias españolas. Allí no sólo Felipe V se comprometió en respetar el tráfico comercial de la compañía, sino que accedió a patrocinar sus actividades.

Desde el punto de vista político se podría decir que el Tratado de Viena no sólo provocó el final del prolongado enfrentamiento entre España y el Imperio austriaco que inició incluso desde los comienzos de la llamada Guerra de Sucesión Española en 1700, sino que además desató la polémica en otros países como Francia e Inglaterra quienes reaccionaron de forma simultánea contra los acuerdos firmados en Viena. Fue así como el 3 de septiembre de 1725 Francia, Gran Bretaña y Prusia funda la llamada Liga de Hannover a la que luego se sumarían otros países como Holanda, Suecia y Dinamarca.

Aunque todo parecía terminar en una inminente guerra, fue el emperador, quien consciente de su posición de inferioridad respecto a las potencias aliadas, se desvinculó por completo de la estrategia internacional organizada por el barón de Ripperdá y forzó de esa manera su caída.

Congreso de Viena y la restauración

Luego de la derrota de Francia y el derrocamiento de Napoleón Bonaparte comienza un periodo que históricamente ha sido conocido como la restauración que va desde el año 1815 hasta 1848. Se le llama “Restauración” debido al intento de las monarquías europeas por pretender volver al Antiguo Régimen, olvidando por completo a la Revolución Francesa. A pesar de todo esto, las ideas liberales había logrado ubicarse muy bien entre la sociedad, lo suficiente como para que la marcha atrás fuera tan solo una ilusión momentánea por parte de las monarquías.

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Es así como la idea de volver a la etapa anterior de 1789 era prácticamente imposible, al menos así sería demostrado a través de las revoluciones de 1820, 1830 y 1848 donde volvió a surgir el movimiento revolucionario al frente de los sectores burgueses y fue precisamente de estos movimientos de base que surgieron varios modelos de organización económicos, políticos y sociales de carácter liberal. Sin embargo para nadie es un secreto que cuando un modelo como este tipo de revoluciones logra la victoria, no consiguen la igualdad para todos, debido a que quienes llegan al poder es la gran burguesía y no la mediana ni la pequeña.

Es por ello que en el año 1848 se volvió a intentar conseguir la igualdad para todos, teniendo a las clases populares como principales fuerzas de movimiento social y que alcanzarían instaurar regímenes totalmente democráticos. El congreso de Viena se dio con el único objetivo de restaurar la situación anterior a la Revolución Francesa, además de reestructurar el mapa europeo que lógicamente había presentado una alteración durante las conquistas napoleónicas.

Fue de esta manera cómo las potencias vendedoras acordaron sostener una reunión mediante un congreso que se realizó en la capital del Imperio Austriaco, Viena, comenzando en el mes de octubre de 1814 y que logró extenderse hasta junio de 1815. En mencionado congreso hubo representación de todos los países europeos, incluso Francia, que se despojó de la etiqueta de país derrotado para ser considerado una potencia más del continente.

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Si bien es cierto que durante el Congreso de Viena hubo representación de todos los países que conforman el continente europeo, no se puede negar que dicho encuentro estuvo liderado por las grandes potencias, entre ellas, Rusia, Austria e Inglaterra. Precisamente Metternich, primer ministro austriaco, fue el principal artífice de todo este proceso que marcaría la historia de todo un continente. Fue así como la restauración y el congreso de Viena tuvo como causa principal el derrocamiento definitivo de Napoleón Bonaparte y la derrota de Francia.

El objetivo principal del Congreso de Viena fue básicamente desplegado en cuatro principios fundamentales; la legitimidad, el derecho patrimonial, equilibrio e intervención. El primero de ellos, la legitimidad, se entendía como el derecho divino de las monarquías a gobernar sus territorios y sus vasallos, por su parte el derecho patrimonial hacía referencia directa al derecho de las monarquías sobre sus propiedades, en tercer lugar estaba el equilibrio europeo, que no era más que diseñar un nuevo mapa en torno a las grandes potencias.

Para poder cumplir con estos cuatro objetivos fundamentales, las principales cuatro potencias de Europa; Inglaterra, Austria, Prusia y Rusia decidieron crear la cuádruple alianza que posteriormente en 1918 se convertiría en una quíntuple con la inclusión de Francia que para ese momento ya no se consideraba una amenazada para la unión de estos países. Cada uno de estos países se reunían de manera periódica en congresos, una época que se conoció como “La Europa de los congresos”

Finalmente el congreso de Viena se inauguró de manera oficial en el mes de octubre del año 1814 y se prolongó hasta el 8 de junio del año siguiente. Este congreso tuvo la particularidad de reunir en un mismo escenario a destacadas personalidades, entre ellas, Zar Alejandro I de Rusia, el canciller austriaco Metternich y el ministro de asuntos exteriores Talleynard. El congreso de Viena sirvió para discutir muchos temas importantes, aunque los más destacados fueron relacionados con establecer los principios teóricos que rigieron el periodo de la restauración y reorganizar el mapa de Europa. (Ver artículo: Alejandro Magno)

La restauración: Una lucha entre liberales y Monarquistas

El periodo del congreso de Viena conocido como “La Restauración” representó para muchos una época de fuerte lucha entre dos bandos claramente definidos, por un lado los liberales y por el otro los Monarquistas. Entre los años 1814-1815 las potencias europeas que había logrado vencer a Napoleón Bonaparte tenían la intención de terminar por completo con la llamada Revolución Francesa y el imperio Napoleónico a través de la restauración de los principios monárquicos del antiguo régimen.

Básicamente quienes vencieron a Napoleón Bonaparte fueron los encargados de ordenar el continente a su manera, además de ser las más grandes potencias de Europa. En ese momento los Monarcas quería como dé lugar regresar al antiguo régimen, sin embargo, la mayoría de las personas que quisieron eso, razón por la cual el continente entró en una nueva etapa revolucionaria que inició en 1820 y que logró expandirse a otros movimientos ocurridos en 1830 y 1848.

Es por ello que se considera que la etapa de restauración representó una época muy difícil para la mayoría de los países del continente europeo que tuvieron que enfrentar duros momentos durante más de 20 años. La restauración tenía entre sus líneas fundamentales algunos principios teóricos como la legitimidad, absolutismo, equilibrio, intervencionismo y la realización de congresos.

Legitimidad: Este principio teórico se estableció básicamente con una sola intención y era definir que los únicos que tenían derecho a estar en el poder eran los que había logrado ser electo por dios sin importar que su nacionalidad fuera diferente a la nacionalidad de sus súbditos.

Absolutismo: Este principio teórico establecía que como la monarca era escogido por dios, nada lo podía detener, ni siquiera una constitución podía detenerlo.

Equilibrio: A través de este principio teórico se establecía que ninguna potencia podría expandirse con el apoyo de otros estados.

Intervencionismo: Con este objetivo, los países involucrados establecían que en caso del surgimiento de movimientos populares que representarán un peligro para el cumplimiento de los principios, todas las potencias deberán unirse y comprometerse en intervenir en los estados.

Congresos: Por último estaba el principio teórico de los congresos con el cual se establecía la realización de foros o reuniones a fin de discutir cualquier tipo de conflictos internacionales, sobre todo, aquellos que podrían representar el inicio de una guerra para el continente.

Consecuencias de la restauración

La etapa de restauración para Europa representó una época de muchas consecuencias, sobre todo, para cada uno de los países que participaron de manera directa en este hecho. Desde el punto de vista geográfico, se podría decir que cada una de las grandes potencias se caracterizó por centra su atención en consolidar Estados nacionales más fuertes, extender sus territorios con un volumen demográfico mayor. De esa manera se podría evitar cualquier tipo de intento expansionista tal como había experimentado Francia, con la intención de volver a dominar Europa.

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Es por ello que la restauración significó básicamente un agrupamiento del mapa europeo, es decir, fue reconstruido al estilo de un rompecabezas que logró beneficiar a ciertos países, principalmente los anti-napoleónicos. Fuero Rusia y Austria los países que se consolidaron como las grandes potencias del continente, al igual de Gran Bretaña. También se formó una barrera con la finalidad de tener bajo control a Francia, además de la creación de naciones artificiales tras la unión de pueblos diferentes.

Se podría decir que una de las primeras beneficiadas con la restauración fue Gran Bretaña debido a que logró ser reconocida como una primera potencia marítima, teniendo un gran control sobre el mar Mediterráneo, así como también su dominio en Malta, Gibraltar y las islas Jónicas. Por su parte Austria, tras la restauración, logró tener mayor poder en el norte de La Península Itálica, colocando príncipes austriacos en los tronos de los ducados de Parma, Módena y Toscana.

La restauración también trajo consecuencias para otros países como Prusia la cual quedó dividida y pasó a formar parte de la Confederación Germánica, una confederación que para la época fue integrada por al menos 39 Estados, donde Prusia y Austria eran sin duda alguna los más poderosos. Por su parte Rusia logró tomar posesión de Finlandia antiguo poder sueco, además de una gran parte de Polonia. En el caso de Suecia se podría decir que perdió el control sobre Finlandia, aunque obtuvo su recompensa tras ganar Noruega.

Francia, uno de los países más polémicos en todo este conflicto, representó uno de los Estados más afectados luego de la restauración debido a que su territorio se vio notablemente reducido, además de establecerse una barrera con Estados tapón en torno a ella. Al norte se ubicó el Reino Unido de los Países Bajos, más Bélgica y Holanda. En el este estaba la Confederación Suiza, al sur el reino Piamonte-Cadeña. (Ver artículo: Guerra del Golfo)

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