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Guerra de Sucesión Española lo que aún no sabes

La Guerra de Sucesión Española fue un conflicto que se extendió desde el año 1701 al 1713/1715, como consecuencia de las disputas entre las Casas de Borbón y la Habsburgo, una de Francia y la otra de Austria, en la cual se vieron involucrados, las demás potencias europeas. Para saber más, lea el presente artículo.

Guerra de Sucesión Española

Antecedentes

Ciertamente, todo conflicto bélico tiene precedentes que marcan la pauta antes de desarrollarse el problema en sí y esta guerra no es la excepción. Previo a caer en las causas que derivaron en el conflicto, ya existía en la región un contexto de enemistad entre los bandos que se formaron durante ella, pudiendo decir que el proceso de invasión emprendido por Francia, con Luis XIV a la cabeza, fue lo que preparó el terreno para la Guerra de Sucesión Española, ya que las relaciones bilaterales posterior al tratado denominado “Paz de Aquisgrán de 1668” o “Tratado de Aix-la-Chapelle” lo que hicieron fue fragmentar a la región.

El Rey Luis XIV de Francia, había iniciado un conflicto armado contras tierras bajo posesión española, específicamente a los Países Bajos españoles y a pesar de que esta guerra sucedió entre los años de 1667 y 1668, casi treinta años antes de la Guerra de Sucesión Española, la misma dejo rencillas dentro de la región europea. Esta guerra franco-española fue denominada Guerra de Devolución y no solo se entiende como el antecedente más cercano a la sucesión española, también marca la pauta para la separación o desintegración del “Imperio donde nunca so pone el sol” o imperio español. (Ver artículo: Periodo Helenístico)

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En el caso de la Guerra de Devolución, previa a la Guerra de Sucesión Española, Francia ocupa la Zona de los Países Bajos españoles y ante el temor de una campaña expansionista, los ingleses que no asintieron tales maniobras militares en la región, toman acciones en conjunto con los Países Bajos españoles y Suecia, decidiendo unir fuerzas y crear un bando denominado la Triple Alianza, con la intención de detener a los franceses antes de que crucen el Canal de La Mancha y el Mar del Norte, lo que se traduce en el enfrentamiento directo de al menos unos cinco países: España, Francia, Países Bajos, Inglaterra y Suecia.

Luego de este conflicto, pasaría a establecerse el tratado de “La Paz de Aquisgrán” en la cual los españoles logran recuperar el denominado Franco Condado o Borgoña Española, que fue un territorio localizado entre en oriente francés y occidente suizo, mientras que los franceses tomarían posesión de algunas plazas de gran interés en la región de los Países Bajos, entre estas estaba Lille y Charleroi. Otra de las características que deja esta guerra muy peculiar, es el resentimiento entre Francia contra Inglaterra, Suecia y los Países Bajos. En cambio, las relaciones bilaterales entre España y Francia habían culminado satisfactoriamente.

Esto entonces explica, el por qué se divide en dos bandos la Guerra de Sucesión Española, uno a favor de los Borbones en Francia y otros a favor de los Habsburgos de Austria, luego de que Carlos II falleciera y no dejara descendencia en el año de 1700. La Guerra de Devolución, junto al tratado de “La Paz de Aquisgrán” fueron el principio del fin de muchas cosas, ya que la separación de los Españoles de los Países Bajos, también trajo consecuencias para las colonias españolas en tierras americanas, segmentándose algunas zonas como consecuencia de dicha separación y la debilidad española permitió la incursión de otras potencias en el continente.

Causas de la Guerra

El problema ocasionado por la falta de una descendencia del último monarca de España de la casa de Habsburgo, produjo un conflicto armado que involucró a toda Europa, principalmente porque notaron en los terrenos “desamparados” por el difunto Rey Carlos II, llamado “el Hechizado”, un gran trofeo al cual podían acceder por medio de ciertas acciones, en principios legales, porque se había dejado un testamento, no obstante, dicho material fue vulnerado y en muchas circunstancias, no fue acatado por todos los miembros involucrados, ya que esto significa ceder ante un antiguo enemigo. (Ver artículo: Batalla de Lepanto)

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Linaje Sanguíneo

Solo habían dos posibles descendientes a la corona, uno de estos era el Rey Luis XIV, perteneciente a la Casa Borbón de Francia y el emperador Leopoldo I, integrante del Sacro Imperio Romano Germánico miembro de la Casa de Habsburgo, ya que los mismos, se encontraban unidos en matrimonio con las infantas del Rey Felipe IV, quien fuera el padre del fallecido Carlos II, por lo que se entiende que estos eran cuñados del monarca Carlos. Del mismo modo, estos dos personajes de la Casa Borbón y Habsburgo eran nietos del Rey Felipe III, ya que sus madres eran descendientes de este. (Ver artículo: La Batalla de Covadonga)

La decisión se base en las mujeres de la familia, tanto por rasgo materno como el matrimonial, desencadenando que la toma del poder, recaía sobre la Casa Borbón, ya que la madre del Rey Luis XIV, Ana de Austria, había nacido antes que la madre del Emperador Leopoldo I, María de Austria y casualmente, la esposa del monarca francés,  María Teresa de Austria, también había sido engendrada primero que la esposa del emperador Margarita de Austria. En ese aspecto, se pudo haber calmado las aguas y evitado la Guerra de Sucesión Española, no obstante, los intereses detrás de este conflicto eran muchos.

Había un descendiente más, el llamado “Gran Delfín de Francia”, el cual era el único hijo primogénito de la unión en matrimonio del Rey Luis XIV con la hermana mayor del Rey Carlos II, María Teresa de Austria, sin embargo, este heredero había perdido su derecho a la corona. El “Gran Delfín”, aun se encontraba con vida y se considera el descendiente del linaje católico, incluso él tenía más derecho sobre la corona española que cualquier otro representante europeo. Pero como Ana de Austria y María Teresa de Austria, no tenían pretensiones sobre la corona española, renunciaron a su derecho legítimo al trono.

Como consecuencia de ese acto, concretado en el Tratado de los Pirineos, el “Gran Delfín” de Francia, perdía todo derecho sobre la sucesión. Así mismo, él era el legítimo sucesor al trono de Francia, por lo que hubiera asociado de manera acorde a las coronas de España con la de Francia y desarrollado por tanto, un enorme imperio dirigido por esta última nación, la cual para el momento, contaba con uno de los ejércitos más imponentes en toda Europa. Este suceso no solo se generó hacia la vertiente borbónica, ya que los Habsburgos, también contaron con un momento fugaz de sucesión a la corona. (Ver artículo: Erwin Rommel)

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Así es, la familia Habsburgo también tuvo una oportunidad, en este caso el Emperador Leopoldo I, quien se encontraba emparentado por lazo matrimonial con Margarita de Austria, la cual es hermana de Carlos II, tuvieron una descendiente llamada María Antonia de Austria, en los cuales recaía los derechos de sucesión de la corona española, ante la eventual muerte del Rey Carlos III, sin embargo, esta heredera moriría en el años de 1692, antes de pérdida del monarca Carlos II, por lo que los hijos del emperador Leopoldo I, perdían la potestad de sucesión y exigencia al trono, incluso teniendo afinidad sanguínea con el “Gran Delfín”.

Estos hijos del Emperador Leopoldo I, tenían menos derechos que el “Gran Delfín”, principalmente porque la madre de los mismo, Leonor de Neoburgo, no era de origen español, sino más bien de Alemania. Se puede señalar, tal y como lo sugieren algunos autores que la Guerra de Sucesión Española, fue un conflicto familiar entre hermanas, primos y cuñados descendientes unos de la Casa Borbón y otros de la Habsburgo, los cuales se aceptaban las imposiciones del otro lado de la familia, principalmente por lo complicado que eran los nexos familiares de ambos bandos, que le daban legítimo derecho a la corona.

Las Potencias Europeas

Ciertamente, el hecho de saber quién era el nuevo sucesor a la corona española y por ende a todo el “Imperio donde nunca se pone el sol” era de sumo interés para otras potencias europeas, quienes tal vez lo menos que esperaban era que este problema condujera a la llamada Guerra de Sucesión Española. Las principales potencias afectadas serían las de Inglaterra y la de los Países Bajos, debido a que si la corona recaía en el lado Borbón, la alianza francesa española podría representar un vasto dominio dado por los españoles, así como un poderoso ejército impulsado por los franceses y transformarse en un preocupante imperio.

Del mismo modo, existía temor de que la corona recayera en los Habsburgo, ya que se veía en esa descendencia del Emperador Leopoldo I, la reencarnación de un imperio muy similar al que desarrollara Carlos I de España en el siglo XVI, el cual se derrumbó a causa de la división entre los hijos del mismo, Felipe II de España y su hermano Fernando I de Habsburgo. Dicha preocupación también era compartida por Luis XIV, ya que la alianza entre la nación Ibérica en conjunto con la austriaca, aisló garrafalmente a la corona francesa. (Ver artículo: Batalla de las Ardenas)

Infaliblemente, ambas Casas, la Borbón y la Habsburgo, estaban dispuestas a ceder el mando del reino a un miembro más joven de la familia, por ejemplo, Luis XIV, entregaría su poder al hijo del Delfín, Felipe de Anjou; mientras que Leopoldo I confiaría el reinado en su hijo menor y archiduque Carlos. Las potencias de Inglaterra y Países Bajos, no estando conformes, proponen una nueva alternativa, que de alguna manera, también tuvo el visto bueno de la Corte Española, la cual consistía en darle el poder al hijo del elector de Baviera, José Fernando de Baviera.

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José Fernando de Baviera, era la única descendencia de María Antonieta de Austria, su abuelo sería Leopoldo I y su bisabuelo Felipe IV, teniendo como tío al Rey Carlos II. Esta tercera opción era de menor preocupación para las potencias de Inglaterra y Países Bajos, pero eso no garantiza que la Guerra de Sucesión Española no se hubiera desarrollado. Ante esta situación, el Rey Carlos II anunciaría a José Fernando de Baviera como el encargado de dirigir el reino, por lo que lo hacía el heredero de todas las monarquías, naciones y señoríos de la corona española.

Ante esta decisión, los franceses volverían a quedar rezagados por una nueva alianza, ahora española alemana, por lo que el Rey Luis XIV por medio del Primer Tratado de Partición, el cual fue concretado en la Haya en el año de 1698, sin que la corona hispana tuviera conocimiento de ello y a modo compensatorio por la renuncia obligada del heredero a la corona española Felipe de Anjou, descendiente del Delfín de Francia. En este decreto, que alteró los ánimos para propiciar la Guerra de Sucesión Española, se daba a conocer unos acuerdos que ponía en riesgo la estabilidad de todo el continente europeo.

El Primer Tratado de Partición señalaba que el nuevo Rey José Fernando de Baviera, tendría incidencias sobre los reinos de la peninsulares, del mismo modo, controlaría Cerdeña, los Países Bajos españoles y las Indias, sin embargo, el Milanesado pasaría a manos del archiduque Carlos. Del mismo modo, Nápoles, Sicilia, los alrededores de Toscana, Finale y Guipúzcoa para el Delfín de Francia. Así el reinado quedaría completamente fracturado, perdiendo control sobre una buena cantidad de tierras, siendo este “Tratado” el segundo golpe para la desintegración del “Imperio donde nunca se pone el sol”.

El Testamento de Carlos II

Faltando tan solo 10 años para la culminación del siglo XVII, muchos ya suponían que el Rey Carlos II no tendría descendencia, motivo por el cual, ya se hablaba sobre los posibles escenarios para continuar con la unificación del reinado, por lo que se solicitó la opinión de las Cortes de Castilla ante tal conflicto de intereses. Esta alternativa tenía el visto bueno de la monarca Mariana de Neoburgo, Aloisio de Harrac quien ostentaba el cargo de embajador del Imperio de Romano Germánico, integrantes del Consejo de Estado, así como del de Castilla. Ellos concretaron para 1694 que la mejor alternativa era la reunión de Cortes como última opción para salvar el reino.

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No obstante, la respuesta legal y constitucionalista que se estaba generando, no parecía la más viable, por lo que al final se decantaron en la respuesta absolutista dependiente del Rey Carlos II, el cual por medio de su testamento, debía dar respuesta al problema suscitado. En el año de 1696 ya se tendría respuesta a tal problemática, debido a que Carlos II anunciaría a José Fernando de Baviera, como el descendiente indicado para llevar las riendas del trono. España no esperaba la respuesta diplomática de Francia, con el Primer Tratado de Partición, en la que reducirían el dominio e influencia del archiduque Carlos a tan solo el Milanesado en 1698.

En base a las circunstancias planteadas por los franceses, en la corte española surgió una especie de “partido alemán” o de inclinación austracista,  con la finalidad de que permitiera al Rey Carlos II, modificar el testamento y nombrar al segundo descendiente del Emperador Leopoldo I. Esta nueva alternativa, estaría secundada por muchas personas, entre ellas el Almirante de Castilla Juan Tomás Enríquez de Cabrera; el Conde de Oropeza, quien también fungiría como líder del Consejo de Castilla y primer ministro; se uniría a esta decisión el Conde de Aguilar, la Reina de España y el Emperador Leopoldo I.

Caso opuesto a esta bancada pro Habsburgo, estaba la corriente borbónica, la cual estaba apoyada por el Cardenal Luis Fernández Portocarrero, el Marqués de Harcourt, quien fungiera como embajador de la realeza francesa y quien pujaba a favor de la coronación de Felipe de Anjou, descendiente del Delfín de Francia. Todo se complicó cuando José Fernando de Baviera falleció a los seis años de edad, produciéndose un Segundo Tratado de Partición, igualmente sin el consentimiento de España, donde el archiduque Carlos era reconocido como heredero, pero le otorgaba los territorios italianos e incluso el de Guipúzcoa a Francia.

Este acuerdo fue concedido por Inglaterra, Países Bajos y Francia, pero España y Austria se negaban rotundamente, finalmente y como solución a los dos tratados partición, (los cuales se cancelarían) que ya caldeaban los ánimos para la llamada Guerra de Sucesión Española, El Rey Carlos II, antes de su muerte, designa al hijo del Delfín y nieto de Luis XIV como nuevo regente. Parecía una opción sabia, pues Luis XIV ya venía de cuatro guerras consecutivas. En este testamento se le solicita a Felipe V que mantenga las leyes de su mandato y respete el derecho de las demás coronas, así como también renuncia a su derecho a exigir la corona de Francia.

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Para el primer día del mes de noviembre del año 1700, el Rey Carlos II fallecería, mientras que el Rey sucesor Felipe V, asumiría a los doce días del mes de noviembre del mismo año. Las potencias de Europa, confirmaron el temor de la doble alianza española francesa la cual transformaría a este nuevo reinado en una gran potencia, las palabras inquietantes de Luis XIV fueron “Sres. aquí tenéis al Rey de España”, “Se buen español es tu primer deber, pero acuérdate de que has nacido francés, y mantén la unión de las dos naciones”, “Ya no hay Pirineos, dos naciones… no harán en adelante más de un solo pueblo”.

El detonante final ocurrió a menos de un año de haber tomado posesión el Rey Felipe V, cuando por influencias del Rey francés Luis XIV, controlan la trata de esclavos hacia América, dando el control de este negocio a la Compagnie de Guinée, del cual ambos eran poseedores del 50% de las ganancias, así como también, se observó la parcialidad en la toma de decisiones con respecto a la actividad minera, específicamente a la extracción del oro y la plata, además del control del mercado. Esta sería el mayor detonante para la Guerra de Sucesión Española.

Países que participaron en la sucesión

En la Guerra de Sucesión Española, participaron el Reino de España, el Reino de Francia, Baviera (hasta 1704), Colonia, Mantua, Portugal (hasta 1703) y Saboya (hasta 1703), Todos ellos en pro del bando Borbónico, mientras que las tropas que le confrontaban eran los del Austracistas españoles a favor del archiduque Carlos, el Sacro Imperio Romano Germánico, compuesto por Austria, Prusia y Hanóver, además se le aliaron las Provincias Unidas de los Países Bajos españoles, Inglaterra ( hasta 1707), Escocia (hasta 1707), Gran Bretaña (1707), Portugal (desde 1703) y Saboya (desde 1703).

¿Cómo termino la Guerra de Sucesión Española?

La Guerra de Sucesión Española culmina con la firma de varios tratados, entre ellos el de Utrecht, el de Rastatt y el de Baden, además Felipe V se mantendría en el poder, siendo reconocido entonces como sucesor real de la corona española, así mismo, renuncio a las pretensiones de la corona francesa. Así mismo, se puede mencionar que esta guerra cierra con la hegemonía de los británicos en Europa y por ende en el Mundo, para dicho momento, siendo un duro golpe para las economías de España y Francia ya que Inglaterra se haría con el control del mercado colonial americano, la trata de esclavos y las rutas comerciales.

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Uno de los cambios más radicales fue el deterioro de la nación francesa, la cual venía de un imponente poderío militar al cual se le quería huir en esta Guerra de Sucesión Española, además se le debe añadir a las modificaciones territoriales que se aplicaron posteriormente, donde las islas del mediterráneo, algunos puertos en África y el este de Europa, vendrían tomando una nueva forma. El gran perdedor de esta Guerra de Sucesión Española fue Francia quien se vio obligada a retribuirle a Inglaterra con una buena cantidad de colonias, principalmente de tierras canadienses.

Consecuencias de la guerra

Entre las primeras consecuencias de esta Guerra estuvo la sublevación del Sacro Imperio Romano Germánico, al igual que el principado de Cataluña y el Reino de Valencia, a ello se le uniría Inglaterra enviando tropas a España para luchar a favor del sucesor Carlos de Austria. Así mismo durante la guerra, se genera la alianza militar portuguesa, inglesa, holandesa y austriaca para tratar de tomar posesión de la corona española, en ese proceso, el archiduque de Austria es nombrado Rey de España y reconocido como Carlos III por el papado, el problema se complica cuando la guerra se extiendo por más años y ya para 1710 Francia estaba pasando por una fuerte crisis económica.

Los británicos en conjunto con los aliados empezaron a sitiar a Francia y trataron de doblegar al Rey Luis XIV con un tratado de 42 clausulas, las cuales el francés consideraba humillantes al solicitarle persuadir a su nieto de dejar la corona, para lo cual le daban un plazo de dos meses, de no cumplirlos, la misma corona francesa y sus soldados debían sacarlo del poder. Ante la negativa del Rey Felipe V, dice que lucharía prácticamente hasta la fecha de su muerte y decide romper con el papado que reconoció a Carlos como sucesor al trono español. A espaldas de Felipe V, Luis XIV, prepara un acuerdo para alcanzar la paz, denominado Tratado de Utrecht.

Este tratado llevado a cabo entre los ingleses y franceses, dividirían a la corona española en varias partes, siendo esto uno de los acontecimientos que menos esperaban los austriacos sucediera. Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico ahora tendría el control de los Países Bajos, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán, Sicilia Paso al Duque de Saboya. Un segundo Tratado se firmaría, en el que los españoles pierden a Menorca y Gibraltar y se la conceden a los ingleses. Francia por su lado entregaría la isla de Terranova, la Acadia, San Cristóbal (Antillas Menores) y la Bahía de Hudson.

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A todo esto, se le debía sumar a los ingleses los derechos obtenidos ahora con el comercio de los esclavos, así como el derecho de asiento y el navío de permiso hacia las indias españolas. Con respecto a los austriacos, Carlos VI no renuncio al trono Ibérico y debía entonces separar del mando de Sacro Imperio Romano Germánico. La Guerra Sucesión Española es complicada de determinar como un ganador o perdedor, pero significativamente los ingleses fueron los mejores estrategas ya que, los dominios alcanzados en esta Guerra de Sucesión Española, serian empleados para alcanzar el imperio que luego conformaron.

Otra de las consecuencias de la Guerra de Sucesión Española, fue la transformación del ducado de Saboya en el Reino de Piamonte, mientras que el electorado de Brandeburgo cambiaria a Reino de Prusia cuando ese te expande. Otras consecuencias de esta guerra sería la perdida de Orán y Mazalquivir por parte del Imperio Otomano, la perdida de Nápoles que luego se recuperará con la batalla de Bitonto en plena Guerra de Sucesión Polaca. Surge momentáneamente el Principado de Cataluña que se había resistido a la Guerra de Sucesión Española, pero al final fue controlado por Felipe V, de igual modo se desarrollaron más guerras en toda Europa.

En esta Guerra de Sucesión Española, se calcula que participaron al menos unos 412 mil soldados por las fuerzas borbónicas, contra unos 305 mil de las fuerzas pro Habsburgo. Se cree que los borbónicos perdieron al menos unos 175 mil soldados y los de Habsburgo unos 122 mil soldados. Otros anuncian que la cifra fue superior, incluso superando el millar de fallecidos, de los cuales por lo menos doscientos mil eran considerados civiles, a ello se le suma unos trescientos mil caídos en combate aproximadamente y el restante de estas cifras corresponde a los muertos por consecuencias secundarias como hambrinas o enfermedades.

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